Sobre Barry Inausat
Escribo los libros que a mí me habría gustado tener.
Soy padre de dos hijos, de 10 y 13 años. Y como la mayoría de padres, hubo un momento en que me di cuenta de que me estaba repitiendo demasiado, enfadándome más de lo que quería, y sin entender bien por qué lo que intentaba no funcionaba.
No soy psicólogo ni terapeuta, soy economista de formación. Pero, ante todo, soy padre, y fue la necesidad de encontrar cómo hacerlo bien, la que me llevó a estudiar en profundidad lo que los expertos sí sabían.
Estudié mucho. Psicología del desarrollo, crianza con apego, disciplina positiva, formación del carácter, hábitos. Leí todo lo que encontré.
Ahí descubrí que la mayoría de libros sobre crianza caen en uno de dos extremos. O son demasiado teóricos, llenos de conceptos que suenan bien en una charla pero no te dicen qué hacer el lunes por la mañana cuando tu hijo no termina de vestirse. O son demasiado simplistas, con consejos sueltos que ignoran por qué los niños se comportan como se comportan, así que a la primera semana dejan de funcionar.
De modo que hice algo distinto: me quedé solo con lo esencial de la teoría —lo justo para entender qué está pasando realmente— y dediqué el resto a construir lo práctico: qué decir, qué hacer, en qué orden, en el momento exacto en que las cosas se complican. Y funcionó. No de golpe, no de forma mágica, pero sí de forma consistente: menos conflictos, más conversaciones, más momentos en que las cosas simplemente salían bien. Cuando comprobé que esa mezcla —poca teoría, mucha práctica— marcaba una diferencia en mi propia casa, decidí compartir mi experiencia con otros padres que están donde yo estaba.
Empecé a escribir los libros que yo hubiera necesitado desde un principio. Con la teoría indispensable para entender el porqué, y con la parte práctica para saber el cómo. Sin relleno, sin condescendencia, sin asumir que tienes un máster en psicología.
Escribo sobre educar hijos con valores, acompañar a adolescentes en un mundo lleno de pantallas y presión social, y construir hábitos que realmente funcionen. Porque creo que educar bien no requiere ser perfecto; requiere entender qué estás haciendo y por qué.
